El reciente informe de situación de las universidades en el Perú, ha provocado diversas y encontradas opiniones en la Comunidad Universitaria y en la opinión pública nacional. Y es lógico que esto ocurra, pues es la primera vez que se elabora, oficialmente, un ranking nacional de universidades.
El trabajo de investigación ha sido realizado bajo la dirección del Dr. Luis Piscoya, convocado por el Instituto Internacional para la Educación Superiror en América Latina y el Caribe (IESALC) -de la UNICEF- y por la Presidencia de la Asamblea Nacional de Rectores (ANR). La información bajo registro es del aÃño 2006, y el reporte ha sido publicado el mes pasado.
La preocupación por conocer el nivel de calidad de las Instituciones Superiores no es nueva. O, mejor digamos, no es nueva en el denominado primer mundo. Se conocen dos rankings mundiales de universidades. Uno publicado por el suplemento The Times Higher Education Suplement, del diario The Times de Londres, y el segundo publicado por el Institute of Higher Education de la Shanghai Jiao Tong University.
Los resultados publicados son más o menos previsibles y coincidentes. La mejor Universidad del Mundo es Harvard. Y entre las mejores están Yale, Stanford, Cambridge, el MIT, la LSE, etc. Y las universidades latinoamericanas aparecen recién a partir del puesto 300. Y aparecen sólo universidades de México, Brasil y Argentina. Perú no existe en estas publicaciones. Y quizás por eso no nos haya preocupado el tema. Parece que sabemos que no somos los mejores en el mundo y parece también que presumimos de conocer cuáles son las mejores universidades del Perú; y los rankings mundiales como que no nos interesan.

Hasta que apareció el Informe del Dr. Piscoya.
La percepción acerca de qué universidad es la mejor puede ser disutible. Pero es poco discutible si se asocia la universidad con algunas variables, que a su vez se pueden percibir como evidentes por sí mismas: la especialidad, la condición de privada versus pública, la historia, el tamaño, etc.
Así, la UNI goza de la percepción de ser la primera universidad en Ciencia y Tecnología. La formación de ingenieros en el Perú le corresponde casi por derecho propio a la UNI. Y un fenómeno parecido ocurre con La Molina . Los Ingenieros Agrónomos se forman en la UNALM. Y si se tiene dinero, el primer lugar es de La Católica. Y si hablamos de especialidades, si se trata de Salud, Cayetano y San Fernando; y si se trata de Economía, la Pacífico. Y la mayor de todas las Universidades es San Marcos. Y si salimos de Lima, tenemos que llegar a Arequipa con la UNSA, y considerar la UNT y la UNP en el Norte.
En el mundo de las percepciones cada quien que se siente dentro de las mejores universidades, elabora su propio ranking. Y claro, ocurren discrepancias, porque como es obvio, todos no pueden ocupar el primer puesto. Pero sí se puede tener un cierto acuerdo sobre quiénes son los que no están en los primeros puestos, los perdedores.
Es decir, así como en el ranking mundial se conoce quiénes son los mejores, casi sin mayores discusiones, en el Perú, se sabe quiénes no son los mejores. Las universidades públicas de la sierra y de la selva. Las universidades de Lima que no son de Lima (Callao y Huacho), y las universidades privadas que segmentan su mercado en los estratos C y D. Estos son los perdedores.
Y esta percepción se resiste a cambiar. La percepción sobre perdedores y no ganadores rechaza los rankings. Porque los rankings establecen el orden definitivo y dicen quiénes son los primeros y quiénes los últimos. Aquí tenemos una pista del rechazo al ranking elaborado por el Dr. Piscoya.

Sin embargo el ranking es necesario porque el sistema universitario peruano está en crisis. La mediocridad académica se ha instaurado en la mayoría de las instituciones de educación superior. Y es tan evidente el problema que el Estado ha tenido que iniciar el Sistema Nacional de Evaluación, Acreditación y Certificación de la Calidad Educativa (SEACE). A consecuencia de esta Ley, todas las Universidades Públicas han empezado un proceso de autoevaluación académica. De tal manera que el ranking complementa muy bien este proceso.
El Sistema Universitario peruano ha cambiado sustancialmente en los últimos veinte años y ha debilitado las percepciones sobre quiénes son los perdedores y quiénes los ganadores. La cobertura ha crecido en número y en calidad. En cada departamento de la República hay al menos una universidad pública. El crecimiento de la cobertura, a mayor velocidad que la demanda, ha generado cambios en la competitividad de las universidades. En el sector privado la selección de postulantes se ha relajado mucho, y lo mismo ocurre en el sector público donde las notas mínimas de ingreso no son notas aprobatorias.
Los cambios en el sistema son tan grandes que parece mentira que no han logrado todavía modificar las percepciones. Por ejemplo, San Marcos no es más la Universidad más grande. La universidad más grande es la San Martín de Porres. Y la universidad San Martín de Porres no es sólo la más grande, sino también es una de las que ha hecho mayores esfuerzos por acreditar algunas de sus carreras.
Y esta estrategia ha sido seguida por sus competidores en el mercado que alientan la demanda por la vía de sus carreras acreditadas.
¿Qué dice el ranking? Que dentro de las diez primeras universidades, siete son públicas. Que dentro de las diez primeras universidades, cuatro son de provincias. Que dentro de las cinco primeras universidades, tres son públicas. Que San Marcos es la primera universidad del Perú. Que La Molina es la mejor de las universidades públicas después de San Marcos. Que dentro de las cinco primeras universidades hay una universidad de provincias, Puno. Que esta universidad es entonces la tercera mejor universidad pública del Perú, después de San Marcos y La Molina. Un resultado que se emplea como pretexto para criticar el ranking.

Si el ranking dice que Puno es de las mejores entonces no es un buen ranking. Como siempre, se acusa al cartero de lo que dice la carta.
Es decir, los resultados del ranking no le han gustado a muchos. No están los que se supone que deberían estar o están los que se supone que no deberían estar. La percepción de quiénes son los peores, quiénes no son los peores y quiénes son los mejores, ha sido mortalmente herida por el ranking.
El ranking dice que no es mejor lo que cuesta más, ni es peor lo que es gratis. El ranking dice que no es mejor lo que está en Lima ni es peor lo que está fuera de Lima. El ranking dice que no es mejor lo que es más grande ni es peor lo que es más chico. El ranking dice que no es mejor lo que es especializado ni es peor lo que es universal.
En este mes he sentido el desasosiego y la depresión de muchos que sienten que el ranking no dice lo que quieren que diga o dice lo contrario de lo que ellos percibían como real. !No puede ser! Me dicen. ¿Cómo es que Puno tiene el quinto puesto? ¿Cómo es que San Marcos tiene el primer puesto? ¿Por qué La Católica no es la número 1? ¿Y cómo es que la UNI aparece en el noveno lugar?.
Pienso que el ranking es un muy serio intento por establecer la calidad de la Universidad Peruana. Se han identificado 7 variables y establecido 18 indicadores. Se ha señalado que los resultados tienen carácter preliminar como que el estudio es piloto. Se reconoce que la base de datos es incompleta respecto al universo real de universidades. Y se tienen los resultados. Que debemos considerar como la línea de base, el punto de partida. Aquí estamos, en este orden, las universidades del Perú.
Veo el trabajo del Dr. Piscoya como un punto de partida. Que todos los años se pueda elaborar el ranking. Me siento orgulloso de San Marcos, mi alma mater. Y me siento orgulloso de mi otra alma mater, la UNI, donde laboro como Docente. Estamos entre las diez primeras universidades del país. Es lo que cuenta. Y dentro de las diez primeras estamos en el noveno lugar. Mañana estaremos en el sexto y luego tenemos que ser los primeros. Ése es el sentido, para nosotros, de este ranking.
El Dr. Piscoya hizo una exposición de su trabajo en la UNI. Pueden acceder a sus diapositivas AQUÍ.