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¿Malditos los que suben los precios?
Han pasado casi cuatro días del violento terremoto que asoló la costa central de nuestro país, específicamente Ica, Lima y Callao. Las cifras de la tragedia van tomando forma definitiva: Poco menos de 500 muertos, poco menos de 1,000 heridos, 33,000 viviendas destruídas, 4 establecimientos de salud destruidos y 7 edificios, 6 iglesias, 1 hotel, 14 carreteras, 2 puentes y 8 establecimientos de salud afectados. Este es el resumen de daños que registra INDECI en su .
La magnitud del terremoto también ha terminado de precisarse, 8 grados, uno de los más fuertes desde el siglo pasado. Recordamos el de 1970 y el de 1974, y éste ha sido el más fuerte de todos (en nuestra percepción, nada técnica por cierto). Mientras mayor la magnitud, mayor el número de réplicas y de mayor magnitud las primeras réplicas. Se cuentan más de 300 réplicas, y al menos 3 de ellas, muy fuertes, de 5 a 6 grados de magnitud.
Y el terremoto mostró además un fenómeno inusual, grandes resplandores que hicieron pensar a muchos en la presencia de relámpagos. Y no se trataba de relámpagos, pues el relámpago es un fenómeno que obedece a una naturaleza totalmente distinta del que origina los terremotos. El fenómeno se conoce como triboluminiscencia y se puede presentar en casos de sismo, cuando éstos son de larga duración y elevada magnitud como ha ocurrido en nuestro país. Pueden ver el fenómeno AQUÍ . Una explicación del fenómeno la encuentran .
En las primeras horas posteriores al terremoto, la red de comunicaciones había colapsado. Tanto la telefonía fija como la móvil se vieron fuertemente afectadas. La telefonía móvil se recuperó primero, aunque parcialmente, y la telefonía fija tuvo que esperar casi 24 horas. En ningún caso se logró recuperar las comunicaciones en el área de influencia directa del terremoto: Ica, Pisco y Chincha. En Lima y el Callao el servicio se recuperó, casi plenamente, a las 24 horas. Y lo mismo ocurría con la energía eléctrica (que también explica, en parte, el colapso de las telecomunicaciones).
A consecuencia del terremoto los pasajes a la zona afectada se incrementaron; se incrementaron también los precios de velas, de medicinas, etc. Entonces se habló de especulación y, como era de esperarse, se maldijo a los especuladores, y como era de esperarse también, el Presidente García fue el primero en maldecirlos. Malditos sean los que suben los pasajes, los alimentos, las medicinas, fue su diatriba cuando visitó Pisco, la ciudad más afectada por el terremoto. Pero ya antes, en su mensaje a la nación, criticó fuertemente a los operadores de las comunicaciones. Cuando se producen hechos como este, cualquier hijo y cualquier padre de familia quiere comunicarse de inmediato con los suyos y no puede ser que ello sea imposible dijo. Me preocupa como presidente que por diferentes razones el sistema telefónico haya colapsado. Necesitamos más reserva de comunicaciones, los sistemas no deben estar calculados para las horas punta sino para urgencias, hay que abrir nuevos canales (…) Tomaremos medidas con el Ministerio de Transportes para que no se produzca nunca más en nuestra patria. Nuestro país debe estar mejor comunicado para circunstancias como esta, concluyó.
Y a raíz del reclamo presidencial, el Ministerio de Transportes y Comunicaciones y el Organismo Regulador de las Telecomunicaciones (OSIPTEL) se allanaron a dar inicio a la investigación. Guillermo Thornberry, presidente de OSIPTEL, declaró que la investigación buscará determinar las causas que provocaron la caída de los sistemas de telefonía fija y móvil y evaluar las posibles infracciones que se habieran cometido en los contratos de concesión. Desde este modesto blog y afin de ahorrar los costos de la investigación, le informamos al Sr. Thornberry, a la Sra. Ministra de Transportes y al Sr. Presidente de la República, la razón del colapso de las telecomunicaciones: a las 6:40 pm. de ese Miércoles 15 de Agosto se produjo un terremoto de grado 8. No investiguen más.
El terremoto casi siempre provoca el colapso de los servicios básicos como la electricidad, las telecomunicaciones y el suministro de agua. En el caso de las telecomunicaciones, las antenas caen, las conexiones subterráneas se quiebran, el software se desconfigura. ¿Qué otra cosa se esperaba?
¿Se esperaba acaso que un instante después del terremoto las comunicaciones siguieran fluídas como si nada hubiera pasado? El Presidente reclama por una mayor reserva de comunicaciones, ¿qué quizo decir? Sostiene que los sistemas no deben estar calculados por las horas punta sino para urgencias. ¿Quiere decir que la oferta del servicio telefónico debe mantenerse al nivel de la demanda en situaciones de terremoto de grado 8 y a lo largo de todo el país? ¿El Presidente quiere una oferta de telecomunicaciones siempre por encima de la demanda normal?. Pero el Presidente se olvida que el servicio es atendido monopólicamente y que las tarifas del servicio se regulan por el Estado y que estas tarifas cubren los costos del servicio. En consecuencia, lo que el Presidente quiere es que las tarifas de telecomunicaciones se fijen muy por encima del nivel actual, para que cualquier hijo y cualquier padre de familia se comunique de inmediato con lus suyos.
No, Sr. Presidente, así no es. No estamos para asignar los recursos escasos de manera ineficiente. No puede Ud. pretender que la oferta se coloque siempre por encima de la demanda y que el pueblo cubra estos costos sin ningún beneficio de por medio (salvo que el Presidente, como Bush, haya recibido algún mensaje divino informándole de futuros y constantes sismos en el Perú).
Dudo mucho que los contratos de concesión estipulen que el servicio no debe colapsar en caso de terremotos, o que el nivel de colapso permitido sea, digamos, de 30 minutos. Digamos que el Sr. Presidente expresó un deseo, un buen deseo. Todos estábamos desesperados por comunicarnos con nuestra familia; la demanda se disparó por encima de la oferta, la oferta se contrajo y el resultado fue el colapso del sistema. Claro, la oferta está preparada para una demanda estacional, tal vez para una demanda pico, pero no para una demanda extraordinaria, la de la emergencia provocada por un terremoto. Pero no podemos dejar que los buenos deseos guien nuestras decisiones. Las telecomunicaciones se han restablecido, con la excepción de las localidades más afectadas por el sismo, en un período que va de 24 a 48 horas. No somos expertos en el tema pero parece que no se han presentado ineficiencias de parte de los operadores. En todo caso la presencia de ineficiencias debe ser identificada por el regulador. Si para que el sistema colapse ha sido necesario un terremoto de grado 8, pienso que los operadores han tenido las reservas de comunicaciones adecuadas. No hay terremotos de grado 8 todos los días Sr. Presidente.
Sin embargo no deja de parecer justo el reclamo del Presidente. Parece responder al masivo reclamo de la población que no pudo comunicarse mientras el sistema había colapsado. Un reclamo sentido por la población aunque absurdo. Y lo mismo ocurre con la elevación del precio de los pasajes. Aquí el reclamo del presidente se transformó en ira. La ira presidencial maldijo a quienes especularon con la tragedia. Y también parece tener sentido. ¿Cómo es que que Soyuz y Flores, las empresas de transporte más importantes en el trayecto Lima-Ica, subieron sus precios horas después del terremoto. Malditos sean, dijo el Presidente.
El maldito de mi vecino también se aprovechó del terremoto para hacer de las suyas. A pesar que el Sr. Presidente quiere que mantengamos reservas para enfrentar los colapsos por culpa de los terremotos de grado 8, en casa no teníamos velas. Entonces fuimos a la tienda de Valentín, quien nos vendió un paquete de cuatro velas medianas, a 1.20 nuevos soles (precio normal). Y le dí las gracias con mucho entusiasmo porque las otras tiendas ya no tenían reservas. Al día siguiente quize comprar otro paquete de velas (en el Callao la energía eléctrica recién llegó la noche del Jueves), pero Valentín nos dijo que se le habían acabado y tuvo que reabastecerse a un nuevo precio y por eso me vendía también a un nuevo precio, 1.40 nuevos soles. Y a pesar que el Presidente lo considera un maldito yo nuevamente le dí las gracias y con igual o mayor entusiasmo que el día anterior. Gracias a Valentín pude alumbrarme la noche del Miércoles y la noche del Jueves. Y pienso que si Valentín me cobraba 2 nuevos soles por el paquete de velas, igual se las compraba.
El Sr. Presidente luego de maldecir a Soyuz y Flores, se disculpó, o mejor, aclaró su maldición (parece que los presidentes no se equivocan; pueden dar mensajes confusos, tal vez). Ahora maldice a las empresas informales. Las empresas de transporte formales pueden subir sus precios sin ser maldecidos. Los malditos ahora son los informales. Malditos informales que cobran altos precios para trasladar a la gente a Ica y las ciudades afectadas por el terremoto. Y malditos los taxistas en Lima y el Callao también, que igual subieron sus tarifas. Una sobrina rogaba por que algún taxi la llevara a casa. Eran las 7:30 de la noche y no conseguía taxi y estaba desesperada. No sabía nada de su hija, de dos años, de su Esposo, de nadie en su familia. Entonces paró un taxista, le preguntó para dónde iba, mi Sobrina le conterstó, el taxista le dijo, que bien, es mi ruta, voy a casa, ¿cuánto paga? y mi sobrina le ofreció diez soles, de una carrera que cuesta 6. El taxista la llevó y mi sobrina no lo maldijo ni el taxista la maldijo a ella, los dos llegaron a casa sin maldición alguna. El Sr. Presidente es el que se encarga de maldecir.
Uno se pregunta si el Sr. Presidente puede tener la razón alguna vez. Veamos. Valentín me vendió el primer paquete de velas al precio normal, digamos el precio-antes-del-terremoto, pero luego tuvo que comprar velas al precio-después-del-terremoto. Estoy seguro que Valentín no ha podido recuperar su capital, porque al vender al precio-antes-del-terremoto ya no puede comprar la misma cantidad porque el precio de reabastecimiento es ahora mayor después del terremoto. Pero el precio de Valentín ahora está alineado al precio-después-del-terremoto. Y por eso subió el precio para el consumidor en 20 centavos. Esta explicación, tan simple, ayuda para quitarle maldiciones a Valentín. Aunque el Sr. Presidente ahora lo va a maldecir al proveedor de Valentín. Este maldito se ha aprovechado de la desgracia de la gente y ha subido el precio de venta mayorista.
Pero es casi seguro que el vendedor mayorista tampoco es un maldito. ¿Qué puede explicar la subida de los precios si por un instante nos alejamos de la tesis presidencial?
En el caso del monopolio, la demanda ha crecido extraordinariamente, y si bien el monopolista quisiera subir su precio, los precios son regulados. El ajust
e en el corto plazo es un ajuste de cantidad. No se puede atender toda la demanda. Pero el colapso de las telecomunicaciones no ha obedecido sólo a una presión de demanda, sino también a una de oferta. Se ha producido una contracción de oferta. El colapso ha sido tal porque hay menos capacidad de oferta y más demanda del mismo servicio. El ajuste se logrará cuando el operador recupere su capacidad de oferta y a la vez la demanda vuelva a su situación normal. Y esto es lo que viene ocurriendo. (También puede reprimirse la demanda para focalizarse a la demanda de emergencia; o estimular su reducción).
En el caso de los mercados competitivos, la presión de demanda provoca la subida del precio y la cantidad ofertada se incrementa. Los mayores precios generan mayores beneficios, los que a su vez generan la expansión de la oferta, que termina reprimiendo el precio. El resultado es un precio mayor y una oferta mayor. Es esto lo que explica, por ejemplo, que los precios del transporte a Chincha subieran en un máximo del 50%,como informa El Comercio hoy día, y que el Presidente les haya retirado la maldición que lanzó el Jueves.
¿Cuáles son los límites, si existen, en esta lógica del mercado? El terremoto genera presiones de demanda, que elevan los precios, y contracciones de oferta, que también elevan los precios. Si esto pasa con las velas, seguro que no provocan la maldición del Presidente. Pero si el mayor precio le impide a alguien pagar el pasaje a la ciudad, donde está herido o ha muerto un pariente, entonces la maldición aparece. O si sube el precio de un antibiótico que puede salvar la vida de alguien, etc.
Si se trata del transporte, de medicinas ¿no debe funcionar el mercado? ¿En una emergencia como la generada por un terremoto, no deben funcionar los mercados? Y si los mercados dejan de funcionar en las emergencias, ¿qué o quién lo reemplaza? Sólo hay una respuesta, el Estado. Pero el Estado no es una abstracción, la expresión material del Estado es el Gobierno. ¿El gobierno aprista como alternativa al mercado en situaciones de emergencia? Gracias, no fumo.