En una reciente charla explicaba cómo el funcionamiento de los mercados competitivos permite una asignación eficiente de los recursos. Y que el famoso equilibrio del mercado no significaba la felicidad de todos. Más bien al contrario, el equilibrio del mercado competitivo expulsa del mercado a los productores y a los consumidores ineficientes. El tramo de la curva de oferta arriba y a la derecha del punto de equilibrio del mercado, representa a los productores con costos por encima del precio del mercado y que quedan, en consecuencia, fuera del mercado. Y el tramo de la curva de demanda abajo y a la derecha del punto de equilibrio del mercado, representa a los consumidores con ingresos disponibles menores al precio del mercado y que quedan, en consecuencia, fuera del mercado.
El éxito del mercado está en manos de los productores con costos menores al precio de equilibrio y en manos de los consumidores con precios de demanda por encima del precio de equilibrio. Estos tienen excedentes que determinan el nivel del bienestar generado por estos mercados.
El precio genera una señal para asignar los recursos. Los productores con costos por encima del precio de equilibrio deben reducir sus costos o buscar otras oportunidades de negocios. Una ilustración simple es lo ocurrido en el mercado de la carne de pollo poco tiempo después del terremoto que suifrimos en Agosto del 2007. El precio subió debido a la contracción de oferta, la misma que ocurrió a consecuencia de la pérdida de los huevos fertilizados, resultado del terremoto. Cuando la situación se recuperó el precio bajó.
Hoy el precio nuevamente vuelve a subir y no hay terremoto que lo explique, sino más bien chanchos, inocentes responsables del problema. La influenza porcina ha provocado una contracción en la demanda de carne de chancho que ha provocado a su vez un incremento en la demanda de pollo. Dada la oferta, un incremento en la demanda, sube los precios.
Y digo inocentes responsables, porque todo indica que la carne porcina puede ser consumida en el país sin mayor problema. Pero la alarma por la influenza porcina parece exagerada. Lo que ha provocado otro fenómeno de mercado; el precio de las mascarillas ha subido. Todos quieren colocarse una mascarilla para evitar el contagio. La imagen que sigue muestra el sentido cómico de esta exageración.
