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Para Newsweek, frente a la crisis económica, Perú juega muy bien
Jul 31st, 2009 by Guillermo Pereyra

 

Newsweek acaba de publicar, el 29 de Julio,  un muy generoso artículo sobre el comportamiento económico del Perú frente a la crisis mundial. Ubica al Perú como uno de los pocos países que viene logrando enfrentar y superar la crisis mejor que los países más ricos del mundo. Y una demostración de estos resultados es el crecimiento de 0.9% del PBI del primer semestre de este año. Newsweek dice, textualmente :

In the Western Hemisphere, one small country has outperformed its larger, richer, neighbors to the north. Its export-dependent economy has weathered the global credit tsunami in good shape. Its stock market, which took a big hit in 2008, has more than doubled this year, spurring investment firms to introduce products allowing Americans to invest there directly. Its public finances seem to be sound, and the authorities appear to be making the right countercyclical moves. What’s the name of this mystery country that finds itself on an economic shining path? If you guessed Peru, you’re right.

En el Hemisferio Occidental, un pequeño país ha resistido mejor que sus más grandes, más ricos, vecinos del norte. Su economía, dependiente de las exportaciones, ha resistido en muy buena forma el tsunami de la crisis financiera mundial. Su mercado de valores, que tuvo un gran éxito el 2008, se ha más que duplicado este año, estimulando a las empresas de inversión ha introducir productos y permitiendo a los Americanos invertir directamente. Sus finanzas públicas parecen marchar muy bien, y las autoridades parecen estar haciendo lo correcto en sus movidas contracíclicas. ¿Cuál es el nombre de este misterioso país que se encuentra en una brillante trayectoria económica? Si dijiste Perú, tienes razón.

Una palta cara y una palta barata: precios diferentes por demandas diferentes
Jul 30th, 2009 by Guillermo Pereyra

 

Como parte del proceso de enseñanza-aprendizaje, nuestros Estudiantes de Microeconomía I, tienen que resolver problemas y analizar situaciones reales del mercado. En el primer caso, se trata de consolidar sus conocimientos mediante aplicaciones donde se conjuga el empleo de algoritmos matemáticos, el análisis geométrico y la lógica deductiva, a partir de la identificación de información efectiva. Aquí me gusta combinar las preguntas de alternativas múltiples con las de desarrollo. Se administran dos evaluaciones durante el semestre, prácticas calificadas 1 y 2. Las prácticas deben realizarse individualmente.

En el segundo caso se trata de comprender la realidad a través de los modelos teóricos. Si lo que se aprende en los textos es correcto, entonces debe funcionar en la realidad. Aquí se busca desconectar a los Estudiantes de todo prejuicio para ir a la realidad tal como ella se presenta y terminar cogiéndola a partir de las tenazas de la teoría. Se administran dos trabajos domiciliarios en el semestre, 1 y 2. Los trabajos domiciliarios deben realizarse en grupos.

El total de estas actividades representa el 25% de la evaluación total. El otro 75% se reparte entre tres exámenes que, a su vez, recogen los contenidos de las prácticas y los trabajos domiciliarios.

El segundo trabajo domiciliario consistía de cuatro proposiciones problema, de las cuales los Estudiantes tenían que resolver sólo dos. De todos los Estudiantes que escogieron el problema de las paltas, sólo uno lo resolvió correctamente.

La proposición problema de las paltas fue la siguiente:

 

Se les recomendó a los Estudiantes que fueran al Mall Aventura Plaza Bellavista, al hipermercado Tottus, para verificar la información y encontrar la explicación al problema planteado. Al parecer, esta recomendación fue tomada en cuenta. Pero, al parecer también, la visita fue infructuosa.

La información contenida en el problema, se refiere a precios tomados en el mismo sitio el 10 de Julio pasado. Hoy fuí al mismo hipermercado y los precios habían cambiado. La palta se vende a 3.45 nuevos soles el kilo y la misma palta pero en envases plastificados con dos paltas, se vende a 6.45 nuevos soles. Es decir, los precios han cambiado, pero la situación problema no. La palta envasada es mucho más cara que la palta a granel. Y en el enunciado de la proposición problema, sosteníamos que los costos del envasado eran nulos. La idea de esta información es que los Estudiantes no consideren el empaque como una diferenciación del producto.

La idea de esta proposición problema surgió por una anécdota que me ocurrió en el mismo hipermercado. Seleccioné tres paltas del precio bajo y las llevé a la plataforma donde una Señorita las debe pesar y colocar la etiqueta con el precio. Cuando estaba pesando las paltas descubrió que dos de ellas estaban maduras y me preguntó de dónde las había tomado. Le respondí que del mismo sitio de donde tomé la palta que no estaba madura. Se asustó, terminó de pesar y etiquetar la bolsa y corrió a la góndola de las paltas. Seguí su trajín por unos minutos. La chica empezó a tocar las paltas y separar las maduras de las verdes.

El secreto de todo esto es que la palta verde tiene un precio y la palta madura tiene otro precio. A quienes nos gustan las paltas pero también los precios bajos, buscamos entre las paltas verdes las que estén más cerca de madurar o están maduras, para aprovechar su precio. En mi experiencia personal, estimo que no más del 5% de las paltas están cerca de madurar y el resto deben esperar de 2 a 4 días para llegar a esa condición.

De tal manera que si queremos comer palta en el desayuno de mañana, no nos queda más alternativa que comprar palta madura al precio alto. Pero a quienes no nos desespera la ausencia de la palta, la compramos hoy para el desayuno del Sábado.

La palta es la misma, la palta fuerte, pero su condición de madurez segmenta el mercado en dos demandas diferentes. La demanda de palta madura y la demanda de palta verde. La demanda de palta verde es menor que la demanda de palta madura y eso explica la diferencia de precios.

Al parecer, los estudiantes que escogieron este problema y fueron al hipermercado, se limitaron a mirar el producto y nada más. Estuvieron cerca del problema pero no cerca de la solución.

EP No. 2, solucionario, 207
Jul 30th, 2009 by Guillermo Pereyra

Puede descargar este documento aquí.

¿Qué ha pasado con la economía?
Jul 29th, 2009 by Guillermo Pereyra

 

El 16 de Julio The Economist publicó el artículo What went wrong with economics , donde se analiza el impacto que sobre la ciencia económica y más específicamente, sobre los economistas, ha provocado la crisis financiera mundial. Víctor Paredes, amigo y Economista Peruano, egresado de la UNAC y actualmente en México, me envió el artículo sugiriendo su publicación aquí. Unos días después y a través del reader de Google me llegó un post del blog AntiDismal que refiere el mismo artículo. Entonces decidí que había que publicarlo y decidí una traducción que facilite la lectura de los Estudiantes de Economía de habla castellana. Entonces apoyándome en el Google Translator, logré una versión que, pienso, puede ser útil. Aquí tienen la traducción libre al español, hecha por nosotros, y la versión original en inglés.

 

¿Qué ha pasado con la economía?
y la forma en que la disciplina debe cambiar para evitar los errores del pasado

16 de julio 2009 , The Economist, edición impresa

De todas las burbujas económicas que han reventado, pocas han explotado más espectacularmente que la reputación de la economía misma. Hasta hace unos pocos años, la lúgubre ciencia de la economía era aclamada por que explicaba cada vez más, otras formas de comportamiento humano, desde el tráfico de drogas hasta las peleas de sumo. Wall Street saqueó las mejores universidades de teóricos en juegos  y en modelos de opciones. Y en el sector público, los economistas han sido vistos mucho más confiables que los políticos. John McCain bromeó que Alan Greenspan, entonces presidente de la Reserva Federal, era tan imprescindible, que si muriera, el Presidente debería "ponerle un par de gafas oscuras y mantenerlo en el puesto."

Pero a raíz de la calamidad económica más grande en 80 años, esta reputación ha recibido una paliza. En la mente del público una arrogante profesión ha sido humillada. Aunque los economistas se encuentran todavía en el centro del debate político, pienso en Ben Bernanke o Larry Summers en en los Estados Unidos, o en Mervyn King en Gran Bretaña,-sus declaraciones se ven con más escepticismo que antes. La profesión misma sufre de culpa y rencor. En una reciente conferencia, Paul Krugman, ganador del Premio Nobel de Economía en 2008, sostuvo que gran parte de los últimos 30 años de la macroeconomía fue "en el peor de los casos, espectacularmente inútil, y en el mejor,  positivamente perjudicial." Barry Eichengreen, un historiador económico de Estados Unidos , dice que la crisis "puso en duda gran parte de lo que pensábamos que sabíamos acerca de la economía."

En su forma más cruda-la idea de que la economía en su conjunto está desacreditada- la reacción actual ha ido demasiado lejos. Si la ignorancia permitió a los inversionistas y a los políticos exagerar las virtudes de la economía, esa misma ignorancia los ciega ahora frente a sus beneficios. La economía es menos un credo servil que un prisma a través del cual entender el mundo. Se trata de un amplio canon, que se extiende desde las teorías para explicar cómo se determinan los precios a la forma en que crecen las economías. Gran parte de ese conjunto de conocimientos no tiene ningún vínculo con la crisis financiera y sigue siendo tan útil como siempre.

Y si la economía, como una amplia disciplina, merece una sólida defensa, también la merece el paradigma de libre mercado. Mucha gente, especialmente en Europa, equipara los errores cometidos por los economistas con el fracaso del liberalismo económico. Su lógica parece ser que si los economistas hacen las cosas mal, entonces los políticos lo harán. Esa es una falsa y peligrosa conclusión.

Racionalidad de los tontos

A pesar de estas salvedades no se debe ocultar el hecho que dos partes centrales de la disciplina, la macroeconomía y la economía financiera, están ahora, y con razón, siendo severamente re-examinadas (ver The other-worldly philosophers en http://www.economist.com/printedition/displaystory.cfm?story_id=14030288, y también Efficiency and beyond en http://www.economist.com/printedition/displaystory.cfm?story_id=14030296 ). Hay tres principales críticas: que los economistas macro y los financieros, contribuyeron a provocar la crisis, que fallaron al no prever  la crisis, y que no tienen idea de cómo solucionarla.

El primer cargo es la mitad cierto. Los macroeconomistas, especialmente dentro de los bancos centrales, estuvieron demasiado obsesionados con frenar la inflación, y demasiado arrogantes con las burbujas de activos. Los economistas financieros, en tanto, formalizaron las teorías de la eficiencia de los mercados, alimentando la idea de que los mercados se regularían ellos mismos y que la innovación financiera sería siempre beneficiosa. Los más esotéricos de los instrumentos de Wall Street fueron construidos sobre estas ideas.

Pero los economistas fueron solo ingenuos creyentes en la eficacia del mercado. Los académicos en finanzas han gastado buena parte de los últimos 30 años mostrando los puntos débiles de la "hipótesis del mercado eficiente". Un reciente ranking de economistas académicos fue liderado por Joseph Stiglitz y Andrei Shleifer, dos de estos economistas que han buscado los puntos débiles. Un nuevo y prominente campo, la economía del comportamiento, se centra en las consecuencias de acciones irracionales.

Así que hubo abundantes advertencias. Pero como ideas que vienen de la academia en bruto y llegan a Wall Street, fueron delicias dejadas de lado. Y se añadieron hipótesis absurdas. Ninguna teoría económica sugiere que se deben valorar los derivados hipotecarios sobre la base que los precios de las viviendas siempre se mantendrían en alza. Los profesores de finanzas profesores no tienen la culpa de esto, pero podrían haber gritado más fuerte que sus ideas estaban siendo mal empleadas. En cambio muchos celebraron la fiesta (a menudo dentro de los bancos). Pongan todo esto junto, con la complacencia de los macroeconomistas y muy  pocas voces que gritaban alto.

Cegados y divididos
 
La acusación de que la mayoría de los economistas no vieron venir la crisis, también tiene mérito. Sin embargo algunos la advirtieron. Es el caso de Robert Shiller, de Yale, de Nuriel Boubini de la Universidad de Nueva York y del equipo del Banco de Pagos Internacionales, que hoy en día son famosos por sus pronósticos. Pero la mayoría estaban cegados. E incluso aquellos que sintieron que algo andaba mal, no tenían idea de qué tan grave sería esto.

Esto tiene que ver, en parte, con los dogmas de los economistas, que limitaron el uso de las herramientas disponibles y de la imaginación. Pocos economistas financieros pensaron, por ejemplo, acerca de la iliquidez o del riesgo, porque sus modelos estándar lo ignoraban; y muy pocos se preocuparon por el efecto sobre el conjunto de la economía, de todos los activos que se estaban aprovechando al mismo tiempo, porque no creían que fuera posible.

Los macroeconomistas también tenían un punto ciego: sus modelos estándar suponían que los mercados de capitales funcionaban perfectamente. Este marco teórico reflejaba una tregua incómoda entre los intelectuales, herederos de Keynes, que aceptan que las economías no están a la altura de su potencial, y los puristas que sostienen que la oferta debe siempre igualar a la demanda. Los modelos que representan esta síntesis -del tipo que se utiliza en muchos bancos centrales-incorporan imperfecciones en los mercados de trabajo ( salarios rígidos, por ejemplo, que permiten que aumente el desempleo), pero no se puede hacer lo mismo en las finanzas. En el supuesto de que los mercados de capital funcionan perfectamente, los macroeconomistas hicieron caso omiso de lo que ocurría en la economía financiera. Pero los modelos que ignoraron las finanzas tenían pocas posibilidades de encontrar una calamidad que se derivara de ella.

¿Y qué se hace para arreglar esto? La crisis financiera ha hecho explotar el frágil consenso entre los puristas y los keynesianos, en relación a que la política monetaria era la mejor forma para suavizar el ciclo económico. En muchos países las tasas de interés de corto plazo están cerca de cero y en una crisis bancaria la política monetaria no funciona bien. Con su compromiso con herramienta inútiles, ambas partes se han replegado a sus raíces, ignorando las ideas de otros campos. Keynesianos, como Krugman, se han convertido en defensores acríticos de las políticas de estímulo fiscal. Los puristas se oponen. Para el resto, esta cacofonía subraya la inutilidad de la profesión.

Si juntamos todas estas críticas, tenemos un caso claro de reinvención, sobre todo en la  macroeconomía. Así como la depresión generó al keynesianismo, y la estanflación de los 70 alimentó una reacción, ahora la destrucción creativa está en marcha. Los bancos centrales están ocupados en crudos análisis de los mercados financieros. Economistas financieros están estudiando la forma en que los incentivos pueden distorsionar la eficacia del mercado. Y los dilemas de hoy está propiciando nuevas investigaciones: ¿qué forma de estímulo fiscal es más eficaz? ¿Cómo flexibilizar la política monetaria cuando los tipos de interés están en cero? Y así sucesivamente.

Pero un cambio de mentalidad más amplia sigue siendo necesaria. Los economistas necesitan, a partir de sus propios campos de especialización: los macroeconomistas deben entender las finanzas, y los profesores de finanzas tienen que pensar más sobre el contexto en el que los mercados funcionan. Y todo el mundo tiene que trabajar más en la comprensión de las burbujas de activos y qué sucede cuando estallan. Finalmente, los economistas son científicos sociales, que trantan de comprender el mundo real. Y la crisis financiera ha cambiado el mundo.
 

 

What went wrong with economics
Jul 16th 2009
From The Economist print edition

And how the discipline should change to avoid the mistakes of the past

OF ALL the economic bubbles that have been pricked, few have burst more spectacularly than the reputation of economics itself. A few years ago, the dismal science was being acclaimed as a way of explaining ever more forms of human behaviour, from drug-dealing to sumo-wrestling. Wall Street ransacked the best universities for game theorists and options modellers. And on the public stage, economists were seen as far more trustworthy than politicians. John McCain joked that Alan Greenspan, then chairman of the Federal Reserve, was so indispensable that if he died, the president should “prop him up and put a pair of dark glasses on him.”

In the wake of the biggest economic calamity in 80 years that reputation has taken a beating. In the public mind an arrogant profession has been humbled. Though economists are still at the centre of the policy debate—think of Ben Bernanke or Larry Summers in America or Mervyn King in Britain—their pronouncements are viewed with more scepticism than before. The profession itself is suffering from guilt and rancour. In a recent lecture, Paul Krugman, winner of the Nobel prize in economics in 2008, argued that much of the past 30 years of macroeconomics was “spectacularly useless at best, and positively harmful at worst.” Barry Eichengreen, a prominent American economic historian, says the crisis has “cast into doubt much of what we thought we knew about economics.”

In its crudest form—the idea that economics as a whole is discredited—the current backlash has gone far too far. If ignorance allowed investors and politicians to exaggerate the virtues of economics, it now blinds them to its benefits. Economics is less a slavish creed than a prism through which to understand the world. It is a broad canon, stretching from theories to explain how prices are determined to how economies grow. Much of that body of knowledge has no link to the financial crisis and remains as useful as ever.

And if economics as a broad discipline deserves a robust defence, so does the free-market paradigm. Too many people, especially in Europe, equate mistakes made by economists with a failure of economic liberalism. Their logic seems to be that if economists got things wrong, then politicians will do better. That is a false—and dangerous—conclusion.

Rational fools

These important caveats, however, should not obscure the fact that two central parts of the discipline—macroeconomics and financial economics—are now, rightly, being severely re-examined (see article, article). There are three main critiques: that macro and financial economists helped cause the crisis, that they failed to spot it, and that they have no idea how to fix it.

The first charge is half right. Macroeconomists, especially within central banks, were too fixated on taming inflation and too cavalier about asset bubbles. Financial economists, meanwhile, formalised theories of the efficiency of markets, fuelling the notion that markets would regulate themselves and financial innovation was always beneficial. Wall Street’s most esoteric instruments were built on these ideas.

But economists were hardly naive believers in market efficiency. Financial academics have spent much of the past 30 years poking holes in the “efficient market hypothesis”. A recent ranking of academic economists was topped by Joseph Stiglitz and Andrei Shleifer, two prominent hole-pokers. A newly prominent field, behavioural economics, concentrates on the consequences of irrational actions.

So there were caveats aplenty. But as insights from academia arrived in the rough and tumble of Wall Street, such delicacies were put aside. And absurd assumptions were added. No economic theory suggests you should value mortgage derivatives on the basis that house prices would always rise. Finance professors are not to blame for this, but they might have shouted more loudly that their insights were being misused. Instead many cheered the party along (often from within banks). Put that together with the complacency of the macroeconomists and there were too few voices shouting stop.

Blindsided and divided

The charge that most economists failed to see the crisis coming also has merit. To be sure, some warned of trouble. The likes of Robert Shiller of Yale, Nouriel Roubini of New York University and the team at the Bank for International Settlements are now famous for their prescience. But most were blindsided. And even worrywarts who felt something was amiss had no idea of how bad the consequences would be.

That was partly to do with professional silos, which limited both the tools available and the imaginations of the practitioners. Few financial economists thought much about illiquidity or counterparty risk, for instance, because their standard models ignore it; and few worried about the effect on the overall economy of the markets for all asset classes seizing up simultaneously, since few believed that was possible.

Macroeconomists also had a blindspot: their standard models assumed that capital markets work perfectly. Their framework reflected an uneasy truce between the intellectual heirs of Keynes, who accept that economies can fall short of their potential, and purists who hold that supply must always equal demand. The models that epitomise this synthesis—the sort used in many central banks—incorporate imperfections in labour markets (“sticky” wages, for instance, which allow unemployment to rise), but make no room for such blemishes in finance. By assuming that capital markets worked perfectly, macroeconomists were largely able to ignore the economy’s financial plumbing. But models that ignored finance had little chance of spotting a calamity that stemmed from it.

What about trying to fix it? Here the financial crisis has blown apart the fragile consensus between purists and Keynesians that monetary policy was the best way to smooth the business cycle. In many countries short-term interest rates are near zero and in a banking crisis monetary policy works less well. With their compromise tool useless, both sides have retreated to their roots, ignoring the other camp’s ideas. Keynesians, such as Mr Krugman, have become uncritical supporters of fiscal stimulus. Purists are vocal opponents. To outsiders, the cacophony underlines the profession’s uselessness.

Add these criticisms together and there is a clear case for reinvention, especially in macroeconomics. Just as the Depression spawned Keynesianism, and the 1970s stagflation fuelled a backlash, creative destruction is already under way. Central banks are busy bolting crude analyses of financial markets onto their workhorse models. Financial economists are studying the way that incentives can skew market efficiency. And today’s dilemmas are prompting new research: which form of fiscal stimulus is most effective? How do you best loosen monetary policy when interest rates are at zero? And so on.

But a broader change in mindset is still needed. Economists need to reach out from their specialised silos: macroeconomists must understand finance, and finance professors need to think harder about the context within which markets work. And everybody needs to work harder on understanding asset bubbles and what happens when they burst. For in the end economists are social scientists, trying to understand the real world. And the financial crisis has changed that world.

Copyright © 2009 The Economist Newspaper and The Economist Group. All rights reserved.

 

!Felices Fiestas Patrias! 101 razones para estar orgullosos de nuestro Perú
Jul 28th, 2009 by Guillermo Pereyra

 

Click sobre la imagen para acceder al Libro en PDF que publica www.101PERU.com, un libro de 133 páginas. Sólo tiene que llenar un formato para recibir por correo el enlace de descarga del libro (6.3 megas). Felices Fiestas Patrias, orgullosos de nuestro Perú.

!Viva el Perú carajo! Patadita de Elena y punto para Perú
Jul 26th, 2009 by Guillermo Pereyra

FELICES FIESTAS PATRIAS: !Viva el Perú, carajo!
Jul 25th, 2009 by Guillermo Pereyra


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John Roemer: El mercado puede acercarnos más rápidamente al ideal socialista”
Jul 25th, 2009 by Guillermo Pereyra

 

Recién nos enteramos de los esfuerzos que realiza San Marcos para contar con John Roemer, Profesor de la Universidad de Yale, en el mes de Octubre. Tuvimos la oportunidad de conversar con el Profesor Hugo Sanchez por parte de San Marcos, y con el Profesor Ulises Humala, por parte de la UNI, y nos manifestaron el interés de coordinar acciones para que el evento académico con la presencia de John Roemer, pueda congregar a toda la comunidad académica peruana, tanto de Lima como de Provincias. Entiendo que también se vienen realizando contactos con la UNALM y la UNAC.

En Mayo San Marcos logró convocar a Anwar Shaik en el Seminario Internacional La crisis global y su impacto en la economía peruana. El evento fue todo un éxito. Las conferencias del Profesor Shaik se transmitieron en tiempo real en el Auditorio de Arquitectura de la UNI. Ahora, confirmada la presencia del Profesor John Roemer, tenemos la expectativa que la Alianza Estratégica, UNMSM, UNI, UNALM, y también la UNAC, puedan aunar esfuerzos para potenciar este evento.

Aquí vamos a empezar a publicar parte de la obra del Profesor Roemer para "calentar" el ambiente académico entre los estudiantes. En esta oportunidad, publicamos la entrevista que publicó Prodavinci en Diciembre último.

El mercado puede acercarnos más rápidamente al ideal socialista

Hay ideas y libros que solo con el paso del tiempo encuentran su justo lugar en el debate contemporáneo. Cuando John Roemer, el economista estadounidense y profesor de Yale University, publicó Un futuro para el socialismo habían transcurrido apenas 5 años de la caída del Muro de Berlín y menos de tres del desmoronamiento de la Unión Soviética.

Las ruinas del socialismo real aun humeaban. Se suponía que el modelo capitalista había triunfado y con él se llegaba al Fin de la Historia. De modo que, desde todo punto de vista, hablar del futuro del socialismo resultaba prematuro, polémico y contrahistórico, para no decir simplemente provocador. Sin embargo, poco más de una década después de la publicación de Un futuro para el socialismo se ha iniciado una profunda revisión del rumbo y la viabilidad del modelo capitalista. Esto se debe a una razón sencilla: Marx había observado que la forma de avance y expansión del capitalismo era la crisis. Pero en un mundo cada vez más globalizado, la crisis no ha hecho otra cosa que profundizar las injusticias secularizadas y acarreado desastrosas consecuencias humanas y medioambientales que amenazan la supervivencia de la especie. La solución ortodoxa es acabar con el capitalismo como fuente de injusticia. ¿Pero qué hacer con el mercado que funciona cómo el sistema circulatorio de la economía mundial? Y algo más importante: ¿cómo acercarse más rápidamente a los fines del ideal socialista? En ese contexto, los planteamientos de Roemer parecen han adquirido una enorme vitalidad.

Entre otras cosas, Roemer propone pasar del esquema de propiedad estatal adoptado por Lenin para el socialismo soviético y favorecer la propiedad pública de las empresas según criterios de eficiencia e igualdad. El esquema regulatorio impediría la acumulación ilimitada del capital, pero dentro de una actitud ecléctica frente a las posibles formas de propiedad. Estas ideas desafían el marxismo-leninismo convencional, pero son sin duda una contribución trascendente a un debate económico e ideológico que, como diría Romer, está encendido como hierro caliente.

-Considerando el viraje a la izquierda en la política latinoamericana de este momento, ¿cree usted que ha llegado el momento de comenzar a hablar de socialismo de mercado?

-Si, muy posiblemente, puesto que lo que más se necesita es la voluntad de realizar el socialismo, y obviamente ha habido en América Latina una serie de elecciones que han permitido la llegada al poder de gobiernos de izquierda. Eso muestra que la gente tiene interés en el socialismo, tiene interés en probar un sistema diferente. En esos términos, creo que ha llegado el momento del socialismo. Hoy el socialismo es algo factible.

-En ese sentido, ¿qué posibilidades tiene el socialismo de mercado de ser más exitoso o satisfactorio que el llamado socialismo real?

-Cualquier economía compleja debe usar los mercados. Los mercados ofrecen tremendas ventajas. El fracaso de la economía soviética se debió a dos cosas: la carencia de mercados y la carencia de democracia. Tener mercados es sumamente importante para la colocación de productos. El socialismo de mercado, en la manera en que yo lo concibo, aborda el tema particular de la distribución del ingreso de las grandes empresas de un país, algo que ha sido siempre un rompedero de cabezas para los economistas.

Y la idea de socialismo de mercado es organizar instituciones que permitan que el ingreso pueda ser distribuido entre los hogares y la población de manera más o menos equitativa. Esto está en contraposición con la manera extremadamente desigual en la cual se distribuye el ingreso en el capitalismo. Hay muchas otras cosas que deben hacerse en una economía además de distribuir el ingreso. Entre otras está educar a la población. Quizás más importante que redistribuir la riqueza, es educar a los hijos de familias que tienen un ingreso desventajoso.

Pero eso no es algo que resuelva el socialismo de mercado por sí mismo, sino que tiene que ser una política de Estado independiente. De modo que, para mí, el socialismo de mercado aborda un problema específico, el de la distribución de las ganancias de las corporaciones y empresas estatales.

Sin embargo, veamos lo que sucede en un país como Estados Unidos. Aquí los beneficios de las empresas representan apenas entre el 25% y 30% del ingreso nacional. Esto, visto en otros términos, sugiere que la distribución equitativa de las ganancias no supone una diferencia sustancial. Probablemente eliminará la pobreza pero eso no es suficiente. Si se distribuyen los tres trillones de dólares, se obtiene que cada hogar en Estados Unidos debería recibir 45 mil dólares al año. Así que si sacas de allí el tercio correspondiente a las ganancias, los hogares recibirían 16.000 dólares. Si distribuyéramos esos ingresos entre los hogares pobres, algunos de los cuales no tienen ningún ingreso, el ingreso no llegaría a alcanzar los 50 mil dólares. Aunque su situación sería mejor, los pobres seguirían siendo de todos modos bastante pobres. Gente desempleada que no produce ningún ingreso tendría algún dinero pero no saldría de la pobreza.

-Para resolver la pobreza hay que atacar la pobreza con un conjunto de programas.

-En definitiva, hay una miríada de otras políticas que es necesario atender, como la educación. Éstas pueden ser abordadas en ya sea en una economía socialista o en economía capitalista. En Venezuela, no sé qué fracción del ingreso corresponde a las ganancias, el punto es que se sabe que un gran porcentaje de esa ganancia es generada por el sector petrolero que es propiedad del Estado. Y eso no va a cambiar. De modo que podríamos hablar de una fracción muy pequeña del Producto Interno Bruto que sería redistribuida a través del socialismo de mercado, pues estamos hablando de la ganancia producida por empresas públicas no las ganancias de los individuos.

-¿Cómo hacer que el sector privado participe en esta forma de redistribución de la riqueza?

-Bueno, una cosa es saber cómo moverse del punto A al B y otra diferente es qué hacer una vez que haz alcanzado el punto B. La forma de producir esta redistribución es nacionalizando las compañías.

-¿Nacionalizar todas las compañías privadas?

-Bueno, de eso se trata el socialismo de mercado, ¿no?

-Así que el Estado es dueño de las compañías y los recursos.

-Si y su función es repartir las ganancias entre los hogares de la nación sobre una base igualitaria.

-¿Usted dice que todas las corporaciones deben ser nacionalizadas, todas?

-Es un asunto de política de Estado. No veo que las compañías pequeñas tengan que ser nacionalizadas. Se pueden nacionalizar solo las grandes empresas.

-Hace poco tiempo el gobierno venezolano nacionalizó las compañías de electricidad y teléfonos. ¿Es ese un paso hacia el socialismo de mercado?

-Puede que sí como puede que no. El asunto clave en el socialismo de mercado es cómo desarrollar una gerencia eficiente para las empresas estatales. El Estado no tiene un buen prontuario en el manejo eficiente de grandes empresas. Por eso, en mi libro Un futuro para el socialismo, propuse una especie de bolsa de valores con un mercado laboral competitivo para contratar gerentes corporativos y que las acciones de estas empresas fuesen negociadas entre individuos, lo que de algún modo simularía lo que sucede en una economía capitalista. De modo que no pienso que simplemente sea una buena idea nacionalizar grandes empresas para que las maneje el Estado. Puede haber mucha corrupción y favores políticos involucrados en esas situaciones. Eso quiere decir que una nacionalización no es algo bueno per se.

-Usted visitó Venezuela a fines en 1999 y propuso que Pdvsa fuese vendida a los ciudadanos venezolanos.

-Mi propuesta era que el Estado distribuyera acciones de Pdvsa a los individuos, pero que los individuos no pudieran vender las acciones por efectivo. Ellos no podrían vender las acciones por dinero, pero si podrían cambiarlas por otras acciones. Cuando estos individuos murieran, las acciones pasarían de nuevo a manos del Estado.

-¿Cómo se distribuirían las ganancias en ese caso?

-Las ganancias serían para los individuos. Cada quien recibiría un flujo de dinero proveniente de sus acciones, aunque no podría transar las acciones en un mercado colectivo como el capitalista.

-¿Cree que el socialismo de mercado podría funcionar en un mundo de capitalismo global?

-¿Por qué no? El punto es que las empresas sean competitivas, así que no veo razón para que no puedan funcionar tan bien como las empresas capitalistas del mercado global.

-¿Pero cómo podrían hacer estas compañías para capitalizarse y desarrollar nuevos emprendimientos?

-A través del Estado. Sería el Estado el que realizaría las ampliaciones de capital para las inversiones y desarrollos importantes.

-¿Cuál es el rol del sector privado en el socialismo de mercado?

-Desde mi punto de vista, el rol del sector privado es el de manejar solo pequeñas compañías. Habría, por supuesto, libertad para formar empresas, pero cuando éstas superaran cierto tamaño tendrían que ser vendidas al público.

-¿Podría dar algunos ejemplos de socialismo de mercado?

-No hay, al menos del tipo de socialismo de mercado que expuesto hasta ahora. La economía de los países socialistas estaba centralmente planificada. El Estado tenía el control de todas las empresas y no había ningún tipo de distribución de los beneficios. No creo, por tanto, que haya habido ningún tipo de socialismo de mercado.

-En la Unión Soviética se confundió la propiedad estatal de las empresas con la propiedad pública de los medios de producción.

-En el socialismo centralista, el Estado pensó que podía manejar eficientemente las grandes empresas, pero estaba muy lejos de eso. Claro que hay empresas estatales que son manejadas de manera eficiente: la compañía eléctrica francesa, la compañía de seguros alemana, el sistema de salud estadounidense. Ciertamente, hay ejemplos exitosos, pero si pensamos en compañías públicas que produzcan bienes de consumo, como las siderúrgicas, tienden a no ser muy eficientes.

Muchas veces caen en manos de políticos que utilizan estas compañías para contratar trabajadores a los que se les paga un salario más alto que el promedio del mercado y esto las vuelve ineficientes. Con frecuencia los políticos intercambian favores a través de las empresas estatales. Esa no es una buena idea. Creo que las empresas estatales deben ser manejadas de una competitiva.

-Hasta donde hemos visto, en Venezuela el movimiento nacionalizador abarca el petróleo, la electricidad y las telecomunicaciones.

-Como he dicho, no creo que la respuesta sea solo nacionalizar. Quizás no es mala idea nacionalizar la electricidad. Hay ejemplos de buena gestión estatal en el sector eléctrico, pues la electricidad es, en cierto modo, un monopolio natural. Pero el sector telefónico es mejor administrado por pequeñas compañías que compiten entre sí. Pienso que nacionalizar la telefónica es una mala idea.

-Bolivia nacionalizó el gas y Ecuador se dirige a nacionalizar algunos de sus recursos naturales. ¿Cuál sería su consejo para guiar a estos países hacia el socialismo de mercado?

-Mi consejo a los países que nacionalizan sus industrias y recursos sería que los manejen sin la interferencia del Estado. Así podrían ser competitivos e innovadores. Tener un Estado muy controlador es una receta para el desastre. Lo contrario es un manejo eficiente que haga que las ganancias vayan a las arcas del tesoro nacional para desde allí ser distribuidas a la población.

Pero es absolutamente equivocado usar estas empresas para contratar personal con altos salarios. Brasil se encuentra ahora en problemas porque el sector estatal debe pagar unas pensiones astronómicas a los empleados públicos y, por supuesto, el gobierno no puede pagarlas. Eso fue un gran error, pero seguramente sirvió para que políticos intercambiaran favores y consiguieran algunos votos. Eso es corrupción. Las empresas no deben ser instrumentos de este tipo de prácticas.

-¿Qué papel cumple la democratización del capital en el socialismo de mercado?

-La democratización del capital significa la redistribución de los beneficios y de la propiedad.

-También implica tener mejor acceso al crédito y al capital, lo que permite darle forma a la innovación y los emprendimientos.

-Ciertamente. Aunque yo no llamaría a la democratización del capital un paso al socialismo, diría que es necesaria de todas formas, pues ésta permite hacer los mercados más eficientes. Esto sugiere que hay muchas políticas de Estado como la educación, la salud o la ampliación del mercado crediticio que pueden desarrollarse en el sistema capitalista o en el socialista. El secreto del éxito de las economías del este asiático es que en su planificación incorporaron altos niveles de educación. Latinoamérica todavía no ha hecho eso. Los niveles educativos en la región son muy bajos.

-En el socialismo de mercado las empresas tienen que ser conducidas de modo eficiente y generar rendimientos.

-Para eso deben pagar salarios competitivos. La manera de mejorar la situación de los trabajadores no es pagándoles salarios muy altos, sino pagando salarios competitivos y educándolos, porque así sus salarios se elevarán en razón de su educación y capacidad. No creo que se deba usar las corporaciones para transferirle ingresos a los individuos.

-¿Hay para usted conexión entre la democratización del capital y el desarrollo social?

-Primero que todo, si democratizas la propiedad tendrás una mejor distribución del ingreso. En segundo lugar, la democratización del capital implica que las ganancias que obtenga la renta del país no estará controlada por un grupito de gente que decide que hacer con el dinero.

-Usted argumenta que no hay ningún país que haya desarrollado el socialismo de mercado. ¿Hay alguno que se le acerque?

-Los países nórdicos. Pero ellos no tienen un socialismo de mercado sino una socialdemocracia, que es otro sistema. La socialdemocracia mantiene la propiedad privada de las grandes empresas pero con un riguroso sistema de altos impuestos que ha funcionado muy bien. Esos son, en términos económicos y de la distribución del ingreso es más igualitaria que en cualquier parte del mundo y el nivel de vida es muy bueno para casi todo el mundo. Prácticamente no hay pobreza. Es decir que han desarrollado un sistema bastante exitoso que demuestra que la distribución del ingreso no destruye la economía.

Protected: Notas, Microeconomía I, 206
Jul 25th, 2009 by Guillermo Pereyra

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Jul 25th, 2009 by Guillermo Pereyra

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