Publicado por Guillermo Pereyra el 28 Oct 2008

Adam Smith y Karl Marx dialogan sobre el desplome del actual capitalismo financiero

Este artículo le pertenece a Antoni Domenéch, quien es catedrático de Filosofía Moral de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Barcelona. Domenéch es filósofo y nos presenta, desde su poderosa imaginación, la conversación sostenida entre Adam Smith y Karl Marx alrededor de la crisis mundial del sistema financiero. Es excelente. El original lo encuentran en la revista Sin Permiso, de la que es editor el mismo Domenéch.  Gracias a mi querido amigo Alberto Di Franco por la referencia.

Karl.- ¿Viste, viejo, que este chico, Joseph Stiglitz, anda diciendo por ahí que el colapso de Wall Street equivale al desplome del muro de Berlín y del socialismo real?

Adam.- No es para estar contentos, ni tú ni yo. Y tú, menos aún que yo, Carlitos.

Karl.- Hombre, a cuenta del suicidio del capitalismo financiero, mi nombre vuelve a estar en boga, mis libros, según informa The Guardian, se agotan. Hasta los más conservadores, como el ministro de finanzas alemán, reconocen que en mi teoría económica hay algo que aún merece la pena tener en cuenta…

Adam.- … no me vengas ahora con mezquinas vanidades académicas post mortem, Carlitos, que en vida jamás te abandonaste a ellas. Yo hablo en un sentido más fundamental, más político. Ninguno de los dos puede estar contento, y, te repito, tú menos todavía que yo.

Karl.- ¿Y eso?

Adam.- El “socialismo real” que se construyó en tu nombre no tenía nada que ver contigo. Pero al menos, tú sí que te llamaste “socialista”. Yo, en cambio, ¡ni siquiera me llamé nunca a mí mismo “liberal”! Eso del “liberalismo” es una cosa del siglo XIX (la palabra, como sabes, la inventaron los españoles en 1812), y van y me lo endosan a mí, un tipo que murió oportunamente en 1793. ¡Es ridículo! ¿Cómo va a afectarme eso?

Karl.- Ya veo por dónde vas. Quieres decir que ni el desplome del muro de Berlín ni el colapso del capitalismo financiero en 2008 tienen mucho que ver ni contigo ni conmigo, pero que, aun así, nos cargan el muerto.

Adam.- Exactamente. Pero en tu caso es peor, Carlitos: porque tú sí te dijiste socialista, y el socialismo real, quieras que no, contaminó al ideario socialista. A mí me importa un higo que fracase el “liberalismo”, cualquier liberalismo. No tendré que explicarte a ti, precisamente, uno de mis discípulos más inteligentes, que ni mi teoría económica ni mi filosofía moral tenían nada que ver con el tipo de ciencia económica, positiva y normativa, que empezó a imponerse en tus últimos años de vida, eso que tú aún alcanzaste a llamar “economía vulgar” y que tanto gustó a los liberales de impronta decimonónica.

Karl.- Desde luego; tú y yo fuimos aún clásicos. Luego vino esa caterva vulgar de neoclásicos, incapaces de distinguir nada.

Adam.- Por ejemplo, entre actividades productivas e improductivas, entre actividades que generan valor y riqueza tangible y actividades económicas que se limitan a recoger rentas no ganadas (rentas derivadas de la propiedad de bienes raíces, rentas derivadas de los patrimonios financieros, rentas resultantes de operar en mercados no-libres, monopólicos u oligopólicos). Nunca ha dejado de impresionarme la agudeza con que elaboraste críticamente algunas de estas distinciones mías, por ejemplo, en las Teorías de la plusvalía.

Karl.- Es evidente. Tú hablaste repetidas veces de la necesidad imperiosa de intervenir públicamente en favor de la actividad económica productiva. Eso es lo que para ti significaba “mercado libre”; nada que ver con el imperativo de parálisis pública de los liberales y de los economistas vulgares, incapaces de distinguir entre actividad económica generadora de riqueza y actividad parasitaria buscadora de rentas.

Adam.- En mi mercado libre los beneficios de las empresas de verdad competitivas y productivas y los salarios de los trabajadores de esas empresas ni siquiera tendrían que tributar. En cambio, para mantener un mercado libre en mi sentido, los gobiernos tendrían que matar a impuestos a las ganancias inmobiliarias, a las ganancias financieras y a todas las rentas monopólicas…

Karl.- … es decir, a todo lo que, después de darme a mí por perro muerto, y en tu nombre, Adam, ¡en tu nombre!, se ha hecho que dejara prácticamente de pagar impuestos en los últimos 25 años. ¡Hay que joderse!

Adam.- ¡Hay que joderse, Carlitos! Porque lo que yo dije es que una economía verdaderamente libre, al tiempo que estimulaba la producción de riqueza tangible, podía generar, gracias entre otras cosas a un tratamiento fiscalmente agresivo del parasitismo rentista y de su pseudoriqueza intangible, amplios caudales públicos que podrían ser destinados a servicios sociales, a la promoción del arte y de la ciencia básica –que es, como el arte, incompatible con el lucro privado—, a establecer una renta básica universal e incondicional de ciudadanía, como quería mi coetáneo Tom Paine, etc. Ya ves, Carlitos, yo, que no pasé de ser un modesto republicano whig de mi tiempo, ahora, si no me falsificaran cuatro profesorcillos más perezosos aún que ignorantes, y si se me leyera con conocimiento histórico de causa, hasta podría pasar por un peligrosísimo socialista de los tuyos. Y te diré, si ha de quedar entre nosotros, que, visto lo visto, la vuestra me resulta una compañía bastante grata…

Karl.- En realidad, toda tu ciencia, como la de tantos republicanos atlánticos de tu generación, estaba puesta al servicio del principio enunciado por el gran florentino malfamado, a saber: que no puede florecer la libertad republicana en ningún pueblo que consienta la aparición de magnates y gentilhuomini, capaces de desafiar a la república. Y si lo ves así, la falsificación en tu caso es aún peor que en el mío: el “socialismo real” abusó aberrantemente de la palabra  “socialismo”,  dando pie a la refocilación general de todos mis enemigos; ¡pero es que tú ni siquiera llegaste a enterarte de qué era eso del “liberalismo”!

Adam.- Quien no se consuela es porque no quiere, Carlitos. Lo cierto es que lo que ha pasado en los 30 últimos años en el mundo va en contra de todo lo que tú y yo, como economistas y como filósofos morales, queríamos. Mira a estos pobres españoles, inventores del término “liberalismo”. A ti y a mí nos importaba, sobre todo, la distribución funcional del producto social (eso que ahora tratan de medir con el PIB): pues bien, la proporción de la masa salarial en relación al PIB no ha dejado de bajar en España, y ha seguido bajando incluso después de que volviera a asumir el gobierno en 2004 un partido sedicentemente marxista hasta hace muy poco…

Karl.- Sí, sí, un horror.  Pero el caso es que cuando estos chicos, supuestamente, me dejaron a mí por ti, y pasaron a llamarse “social-liberales” a comienzos de los 80, lo que hicieron fue una cosa que te habría puesto a ti también los pelos de punta. Fíjate que no sólo retrocedió la proporción de la masa salarial en relación con el PIB, sino que, en la España del pelotazo y el enrichisez-vous de Felipe González, lo mismo que en la Argentina de “la pizza y el champán” de Menem y en casi todo el mundo, los beneficios empresariales propiamente dichos empezaron a retroceder también en relación con la parte que en el PIB desempeñaban las rentas inmobiliarias, las rentas financieras y las rentas monopólicas…

Adam.- ¡Cómo nos han jodido, Carlitos!

Karl.- No desesperes, Adam. La historia es caprichosa, y ¿quién sabe?, a lo mejor, ahora, hasta empiezan a tomarnos en serio. Fíjate que le acaban de dar el Premio Nobel a un chico bastante espabilado que desde hace años estudia la competición monopólica y rescata a Chamberlain y a Keynes, esos muchachos que al menos se esforzaron por entendernos, a ti y a mí, en los años 30 del siglo XX y que querían proceder a la “eutanasia del rentista”…

Adam.- Yo fui un republicano whig bastante escéptico, Carlitos. No viví el movimiento obrero del XIX y del XX y la epopeya de su lucha por la democracia. No puedo entregarme tan fácilmente al Principio Esperanza de aquel famoso discípulo tuyo, ahora, por cierto, casi olvidado.

Publicado por Guillermo Pereyra el 27 Oct 2008

Respuesta a Jonathan

Jonathan nos ha envíado un problema muy simpático. Se trata de un mercado competitivo donde operan 10 empresas. Pero una de ellas no actúa siguiendo el criterio de la maximización del beneficio. Esta empresa ha decidido producir y llevar al mercado la cantidad que minimiza su costo medio.

Pero las otras 9 empresas sí actúan como maximizadoras de beneficios. Todas las empresas tienen la misma curva de costos y se conoce la demanda del mercado. El problema pide el precio y la cantidad de equilibrio del mercado. Estimar el beneficio de las empresas maximizadoras del beneficio y compararlo con la empresa minimizadora de costos. Y finalmente graficar todas las curvas de costos.

Reitero que es un simpático problema. Aquí tienen el solucionario.

Respuesta a Jonathan

Publicado por Guillermo Pereyra el 27 Oct 2008

Respuesta a Isabel

Isabel nos escribe planteándonos un problema para hallar la demanda marshalliana de un bien, cuando la función de utilidad del consumidor es del tipo Cobb Douglas.

He asumido libremente la redacción del problema (porque no se le entiende bien) y aquí tienen la respuesta.

Respuesta al problema propuesto por Isabel

Publicado por Guillermo Pereyra el 23 Oct 2008

La crisis financiera, explicada para que la entienda una chica de 14 años

La crisis financiera mundial que se inició en los EEUU, no termina de entenderse en los círculos de expertos, economistas, financistas, Empresarios, etc., Es más difícil de entender todavía para el ciudadano de a pie y peor todavía si pensamos en los jóvenes.

Aquí hemos presentado varias exposiciones que intentan explicar la crisis. Algunas de ellas empleando comics como medio de ilustración. El primer post sobre este tema se publicó en Julio,  Una graciosa y seria explicación de la crisis hipotecaria en los  EEUU; el segundo en el mismo mes, Slideshow del post sobre la crisis hipotecaria, En Setiembre publicamos ¿Por qué quiebra Lehman Brothers?, y, En relación a la actual crisis financiera del capitalismo. Y en Octubre, La crisis NINJA: No Income, No Jobs, No Assets y La crisis financiera en comic .

Pienso que todos estos artículos ayudan de una u otra manera a comprender mejor el problema de la crisis. Y acabo de encontrarme con uno más. Esta vez del Economista Kevin Nguyen que realiza una entrada muy interesante y novedosa al tema. Se pregunta cómo explicarle la crisis a su hermana de 14 años. Su artículo se publicó en The Bygone Bureau, aquí tienen la traducción al español.

La siguiente es una conversación real que tuve con mi hermana menor, Olivia.  A ella le gusta dibujar, jugar World of Warcraft ,y ahora es la única chica de 14 años que entiende la crisis  económica de  EE UU.

Kevin:  ¿ Has estado siguiendo las noticias  ?
Olivia:  Sí , pero la verdad que no entiendo el asunto.
Kevin:  Imagínate que te presto 50 dólares , pero a cambio de mi tú te comprometes a devolverme los  $ 50  con unos $ 10 extra de intereses. Para asegurarme de que me devolverás el dinero, me quedaré con tu tarjeta de Pokemon Charizard como prenda.
Olivia:  Kevin, hace tiempo que he dejado de jugar Pokemon.
Kevin:  A eso voy. Digamos que el Charizar vale $ 50, entonces, en caso que tu decidieras no devolverme mi dinero, por lo menos tendría algo que valdría lo mismo que lo prestado.
Olivia:  Okey
Kevin:  Pero un día la gente se da cuenta que el Pokemón es algo estúpido y todos deciden que esas tarjetas están sobrevaluadas. Ahora tu Charizard sólo vale, digamos, $ 25.
Olivia:  Ohhh.
Kevin:  Al mismo tiempo tú estás teniendo dificultades para devolverme los $ 60 que me debes.  En tal caso  ¿ que preferírías hacer, esforzarte y pagarme los $ 60 o simplemente no pagar y darme tu Charizard a 25 $ ?
Olivia:  Yo te daría el Charizard.
Kevin:  Exactamente. ¿Quién no?  Ahora, el banco  ?? quiero decir yo ?? he perdido $ 25 cuando esperaba ganar 10.  ¿ Cual es la lección en todo esto?
Olivia:  Que el Pokemon es tonto.
Kevin:  Cierto, pero qué más .
Olivia:  ¿Que las tarjetas de Pokemon podrían valer más tarde menos que ahora?
Kevin:  Ajá!.  Uno no puede simplemente confiarse en que siempre subirán de valor.  Hay otra buena lección en esta  analogía .
Olivia:  ¿Que tú no deberías prestarme plata?
Kevin:  ¡ Ajá , eso exactamente!  Tu tienes 14 años y no tienes ninguna fuente de ingreso.  ¿Qué podría haberme convencido de que te prestara dinero si yo  no estaba  seguro de que podrías devolvérmelo.
Olivia:  Te habría convencido la posibilidad de quedarte con mi Charizard de $ 50  De esa manera, o bien ganabas $ 10  o conseguías algo que valiera lo que me diste.  Si la gente no hubiera comprendido que el Pokemon era tonto, no hubiera habido manera de que fueras a perder nada.
Kevin:  Ahora, en vez de un préstamo de $ 50,  imagina que se trata de cientos de miles de dólares, y que en lugar de tu tarjeta de Pokemon se trata de tu casa.  La prosperidad de EE UU  fue construida en base a la idea de que las propiedades inmobiliarias/Pokemon  jamás bajarían de precio.  Multiplica estas creencias ilusas por las miles de personas de EE UU y podrás ver la magnitud del problema.  Debido a que tú no puedes devolverme el préstamo, tampoco yo puedo pagar mis cuentas ni volver a prestar a otros.  Nuestro país depende de la posibilidad de recibir dinero prestado.
Olivia:  Esto no tiene sentido.  Si yo recibo un prestamo tuyo, es para gastarlo.
Kevin:  Bueno, la idea era que tú lo gastarías  de  una forma que te daría más dinero en el futuro  ?? como estudiar en la universidad o comenzar un negocio.
Olivia:  Ah! OK!.  Ahora quiero hacerte una pregunta:  ¿usaste el ejemplo del Pokemon porque piensas que soy una  nerd?
Kevin:  Sólo quería hacer las cosas más fáciles.
Olivia:  Qué bien.  Entonces deja de estarle diciendo a la gente que yo juego World of Warcraft. Eso ya fue.
Kevin:  No te preocupes, Olivia.  En mis tiempos yo me metía en cosas más nerds.  ¿Has oído hablar de Magic ?
Olivia:  ¿ Qué  demonios  es  eso?

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