SIDEBAR
»
S
I
D
E
B
A
R
«
El empresario minero es un caballero y el pescador artesanal un especulador
Mar 18th, 2008 by Guillermo Pereyra

El Gobierno acaba de intervenir en el mercado del pescado popular. Se trata de una campaña organizada por el Ministro Rey y con el apoyo del Primer Ministro. Van a distribuir jurel en las zonas populares.

Rey informó que a partir del martes y hasta el jueves se instalarán 73 puntos de venta de pescado en 16 distritos de Lima, y 9 en provincias, que ofrecerán jurel a un sol el kilo en la capital, y a S/. 1.50 en provincias.

¿Por qué se quiere intervenir este mercado?

Rey afirmó que se han adoptado todas las medidas para llevar pescado a precios módicos a las mesas peruanas en estas fiestas santas, por lo que no hay ninguna razón para el desabastecimiento ni la especulación de precios para encarecer el recurso hidrobiológico.

Agregó que su sector pondrá en marcha un mecanismo de control, para identificar a los malos comerciantes que aumentan el precio del pescado, y denunciarlos ante el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (Indecopi).

El objetivo de la campaña es evitar el desabastecimiento del producto y la especulación con los precios. El mercado va a ser controlado para identificar a los malos comerciantes. Es decir, el Gobierno presume que esta semana el precio del pescado popular va a subir y ha decidido evitarlo. ¿Cómo lo hace? Incrementando la oferta y fijando un precio. Y quienes se aparten de esta política, son los malos, y serán sancionados por INDECOPI.

Según el Portal del Ministerio de la Producción, esta política está orientada a "romperles el espinazo a los especuladores" por elevar artificialmente el precio.

Así que estamos notificados: los especuladores quieren subir el precio del pescado popular y el gobierno lo va a impedir. Los días 18, 19 y 20, el gobierno va a colocar más de 300 toneladas de jurel a bajos precios y va a sancionar a quienes busquen especular.

La noticia no le ha caído nada bien a los pescadores, ni a los comerciantes mayoristas ni minoristas de pescado popular.  Ellos esperaban, efectivamente, contar con un precio más alto, tal vez mucho más alto, y ahora se encuentran con que el precio no sólo no va a ser más alto, sino, al contrario, será más bajo. Muy mala noticia.

Pero, ¿tiene razón el Ministro Rey en esta campaña contra los especuladores? ¿Tiene razón el Primer Ministro en apoyar esta campaña? Si se piensa en la población que se va a beneficiar, parece que sí. Pero si se piensa en la población que se va a ver afectada, parece que no. La pregunta relevante en este punto es ¿por qué tendrían que subir los precios esta semana?

Y la respuesta es muy sencilla: esta es la Semana Santa, y la población demanda siempre mucho más pescado en semana santa que en cualquier otra semana. Si el mercado es competitivo, el incremento notable de la demanda, dada la oferta, provoca un incremento signficativo del precio. Así de simple. Y todos lo saben. Todos los años hay Semana Santa. Siempre es Miércoles y Jueves y Viernes Santos. Y la gente come pescado.

Los pescadores lo saben bien, y saben que la demanda sube tanto que el precio tiene que subir. Y ellos se preparan para atender la mayor demanda con una mayor oferta. Aumentan el trabajo y la intensidad del trabajo y logran producir más y venden más a un mayor precio. El mayor precio es la recompensa a su esfuerzo. Y luego de Semana Santa, la demanda cae y no es necesario producir más, la oferta cae, y el precio cae, y todo vuelve a ser normal. Son fenómenos de corto plazo.

Lo mismo ocurre con el precio de los hoteles, porque mucha gente sale de viaje por este fin de semana, y ocurre también con el precio del transporte y etc. Son, repetimos, fenómenos del corto plazo.

¿Por què interviene el Gobierno? Porque quiere proteger al consumidor, amenazado por el especulador. El consumidor es el bueno, el hombre y mujer del pueblo, de bajos ingresos, que quiere consumir pescado en esta semana santa; y el malo es el pescador artesanal, el  comerciante minorista, el comerciante mayorista, que aprovechan la mayor demanda para subir especulativamente los precios. Y el Gobierno es Robin Hood. Le quita la ganancia especulativa a los malos para entregársela a los buenos.

Pero esta política, que parece justa, tendría que ser extensiva para todas las otras situaciones en que en el mercado se generan ganancias extraordinarias.

El fuerte y permanente incremento de demanda de los minerales ha elevado los precios y generado extraordinarias ganancias a los mineros en el Perú. Y los salarios de los trabajadores mineros parece que no han subido mucho y en muchos casos ni siquiera han subido. Pero no hemos visto al Gobierno proceder aquí como con el jurel. ¿No es pertienente aplicar un impuesto a la sobreganancia minera y emplearlo para financiar los programas de soporte a la extrema pobreza? ¿Por qué es justo bajar el precio del pescado popular frente a un incremento de demanda por semana santa, que beneficia a los comerciantes y a los pescadores artesanales (que no son millonarios ni multimillonarios), y no es justo aplicar un impuesto a la sobreganancia minera en un país donde la riqueza de los empresarios mineros es un insulto a la pobreza?

Otro incremento sustantivo del precio y donde el Gobierno también ha intervenido, es el del petróleo. La cotización internacional ya está por encima de los 100 dólares barril, pero el efecto de este precio no se siente en el Perú. ¿Por qué? Porque el Gobierno está invirtiendo miles de millones de nuevos soles para sostener un precio artificialmente bajo de los combustible.

Pero, curiosamente, a la vez que el Gobierno mantiene los precios de los combustibles artificialmente bajos, llama a la población a cambiar este patrón de consumo. Hay que cambiar la matríz energética dice Alan. Pero ¿por qué vamos a cambiarlo si los combustibles son baratos en el perú?.

Si la economía se rige por el mercado, entonces se rige por el mercado. Y los recursos se asignan de acuerdo con las señas reales que da el mercado. Estas señas reales son los precios. Si los precios son altos, atraen inversión en el largo plazo. Si los precios son bajos desincentivan la inversión. Así de simple.

Y si los mercados fallan, si los mercados no son competitivos, entonces el Gobierno puede mejorar los resultados del mercado.  La teoría de la regulación está orientada al desarrollo de los mecanismos que permiten alcanzar mejores resultados en mercados imperfectos.  No parece que el mercado del pescado popular tenga las características de un mercado imperfecto. No es necesario aquí la regulación.

Pero hay otros mercados donde la regulación es importante. El Gobierno debe dejar de preocuparse por fijar el precio del kilo de jurel en un nuevo sol. Debe preocuparse, por ejemplo, de modificar los contratos de explotación del gas de camisea,  o del impuesto a la sobreganancia minera, etc.

»  Substance:WordPress   »  Style:Ahren Ahimsa